Hacia una inteligencia
colectiva
(Construcción
de conocimientos desde el diálogo de saberes)
«Grandes, chicos, viejos y mozos, sabios e inocentes,
llevamos
todos dentro una visión del Universo más o menos fragmentaria.
La
cultura no es otra cosa que el canje mutuo de estas maneras
de ver
las cosas de ayer, de hoy, del porvenir».
Ortega
y Gasset, Obras completas, Tomo I
- Introducción: sucedió
en África, hace muchos años…
Antes de hablar de diálogo de saberes y construcción
de conocimientos, es pertinente detenerse en uno de los problemas
fundamentales en el desarrollo del pensamiento y del entendimiento humano, como
es el preguntarse ¿qué es el conocimiento?
y, específicamente: ¿qué es el
conocimiento humano?
Así, el acto de conocer, problema filosófico del cual se ha ocupado desde
hace cientos de años la Gnoseología[1] y
la Teoría del Conocimiento, ha de conducirnos a delucidar cuál es la
relación cognoscitiva entre el hombre y las cosas que lo rodean. La respuesta
no es sencilla. De momento, en un plano general, puede decirse que conocer es “Averiguar por el ejercicio de las
facultades intelectuales la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas”.
La anterior definición, si bien no proviene de la Filosofía sino es la que da
el Diccionario de la Real Academia Española para la palabra “conocer”, en su
esencia considera los problemas filosóficos en torno al conocimiento humano, es
decir las relaciones entre Sujeto y Objeto.
Recordemos que, hasta donde se conoce, es
atribución exclusiva de los seres humanos el poseer capacidades mentales que
les permiten inventar, aprender y utilizar estructuras lingüísticas complejas,
desarrollar operaciones matemáticas, acceder a la escritura y, en general, concebir,
transmitir y aprender conceptos abstractos. Es decir que los seres humanos
están dotados de la capacidad de crear
conocimiento. Son las ya aludidas “facultades intelectuales” del hombre las
que al ponerse en relación con el entorno, con las cosas, generan conocimiento.
Puede decirse entonces que es el Homo Sapiens (del latín homo=hombre,
sapiens=sabio o capaz de conocer) quien hace unos 200.000 mil años, en África, comienza
con las tareas del conocimiento. Una piedra tallada, una herramienta, un arma,
el más efímero vestigio de ese homínido, constituyen las primeras formas de
almacenamiento del conocimiento y de su posibilidad de transmisión.
Aquí surge una nueva pregunta: ¿De qué forma se guardó el conocimiento?
Y la respuesta va desde esa primera punta de flecha, hasta los pictogramas,
vestigios arquitectónicos, escultóricos, urbanísticos, las cerámicas, los
tejidos, las joyas y demás resultados de la interacción de los seres humanos
con su medio. Queda atrás esa primera etapa del hombre y aparece, como un
avance sin precedentes en su desarrollo, la Escritura.
Y se hace referencia no a la escritura pictográfica o ideográfica, sino
propiamente a un sistema escritural basado en un alfabeto fonético, hecho que
durante milenios ha sido el mayor descubrimiento de la Humanidad y la mejor
posibilidad de almacenar y transmitir conocimientos. Recordemos que la Escritura, cuya aparición se data en
unos 3000 años a. C., es la que marca la frontera entre la Pre-historia y la
Historia, es decir la que nos aleja del hombre primitivo y nos conduce a la
contemporaneidad.
Y por el camino de la creación y
acumulación de conocimientos, podemos llegar al concepto de Cultura. El antropólogo estadounidense
Clifford Geertz dice al respecto:
«El concepto de cultura
que propugno... es esencialmente un concepto semiótico. Creyendo con Max Weber
que el hombre es un animal inserto en tramas de significación que él mismo ha
tejido, considero que la cultura es esa urdimbre y que el análisis de la
cultura ha de ser por lo tanto, no una ciencia experimental en busca de leyes,
sino una ciencia interpretativa en busca de significaciones».[2]
Finalizo esta introducción con una nueva
pregunta: ¿Si una persona desconoce la
Escritura —es decir que es analfabeta[3]— está constreñida a la Pre-historia, a un
estado primitivo, lejos de la Cultura?
Parte de la respuesta a este interrogante —y
como un primer elemento de análisis en torno al enfoque que la Educación
Popular da al diálogo de saberes y construcción de conocimientos— podemos
hallarla en uno de los principios expresados por Paulo Freire. Dice:
«La cultura no es atributo exclusivo de la
burguesía. Los llamados "ignorantes" son hombres y mujeres cultos a
los que se les ha negado el derecho de expresarse y por ello son sometidos a
vivir en una "cultura del silencio"».[4]
- Un juego de azar:
los silenciados
Es indudable que uno de los indicadores
que determinan el atraso o desarrollo de una sociedad es el que tiene que ver
con el analfabetismo. Para el año 2010 el 5.9% de la población colombiana mayor
de 15 años era analfabeta[5],
siendo éste uno de los índices más altos en América Latina.
Ese porcentaje de ciudadanos colombianos
analfabetas —siguiendo el análisis propuesto en la introducción— estarían silenciados, marginados de la Cultura, e inmersos en una etapa de
desarrollo primitiva. Estas aseveraciones parecen exageradas pero es necesario
recordar que hace apenas unas décadas en varios países del mundo (el Brasil en
el que vive y escribe Paulo Freire, por ejemplo), el saber leer y escribir era
un requisito indispensable para votar, para ser ciudadano.
Sin embargo, y retomando la esencia de los
planteamientos de la Educación Popular, el “ser analfabeta” es apenas una
condición desafortunada pero transitoria en una persona, subsanable a la mayor
brevedad, si existe la voluntad individual y de la sociedad para hacerlo.
Al decir de Freire: "Todos nosotros sabemos algo. Todos nosotros ignoramos algo. Por
eso, aprendemos siempre". Si se vence el analfabetismo se amplían las
posibilidades del aprendizaje, dando inicio a la construcción de conocimientos
a partir del diálogo de saberes.
Pero no es tan sencillo. El diálogo de
saberes implica encuentros y desencuentros. Una es la manera como se piensa y
otra como se expresan esos pensamientos. De igual modo lo que se lee, tampoco
es una trascripción literal de lo escrito: el lector dará siempre, desde su
perspectiva, un contexto de significación a lo que ha leído. Es decir que cada
uno de los implicados en ese diálogo —siguiendo
el concepto de Cultura antes referido— es
un animal inserto en tramas de significación que él mismo ha tejido. Cómo
se destrama o se decodifica cada uno de esos significados evidentes o
implícitos, es una tarea de aprendizaje mutuo que requiere más que una
preparación académica específica, unas condiciones del espíritu, un querer
hacerlo, una apertura hacia los otros. Encuentra sentido aquí otro de los
principios de Freire: "Enseñar exige respeto a los saberes de los
educandos". Respeto por el otro.
Se señalaba en la introducción que el acto de conocer surge de la interacción
entre el Objeto y el Sujeto. Y que el conocimiento allí
producido se “almacena” en cada uno de los rastros que deja el ser humano en su
vida cotidiana, siendo la Escritura
el de mayor importancia. Así, se crea una memoria circundante, un mundo que corresponde a quienes lo
habitan, o lo han habitado y que tiene determinantes cognitivos, emocionales y
morales que constituyen una cartografía específica para aquellos habitantes. Si
alguien ajeno a ese mundo interactúa
con sus nativos se inicia un proceso
de construcción y deconstrucción de saberes ya que el recién llegado también
trae a cuestas un mundo.
Si, para dar un ejemplo extremo, una
persona “alfabetizada” se acerca a un analfabeta considerándolo inferior, o
“bruto”, el resultado de esa interacción no será positivo o tomará más tiempo
para que se den los resultados esperados en términos de aprendizaje.
Es necesario considerar a los silenciados, y a los educandos en
general, desde una perspectiva en donde la Cultura sea una ciencia interpretativa en busca de significaciones. Expresado
de otra manera —y con la ayuda de un objeto lúdico de múltiples caras— es
necesario enfrentar el proceso de construcción de conocimientos desde el diálogo de saberes, como un juego de
pirinola en donde el único resultado posible, para cada jugada, sea el de:
TODOS PONEN, todos hablan, todos expresan sus pensamientos. Cero silenciados.
Para finalizar, y como detonante para
futuros análisis, dejo una pregunta: ¿Para
qué leer, por qué? ¿Qué libro llama con urgencia, de qué trata, para qué sirve?
Si millones de seres humanos han vivido felices y plenos, a pesar de no saber
leer ni escribir ¿por qué no hacer lo mismo?
- Diálogo de saberes
e Inteligencia colectiva
Hoy la Humanidad conserva y produce más
conocimiento del que un hombre, durante toda su vida, aún el más longevo,
inteligente y dedicado pueda llegar a conocer. Así mismo, y gracias al
internet, la globalización del conocimiento tiene un ritmo del que no se tiene medida.
En la red se publican textos, imágenes, fotografías, música, planos, mapas,
videos, películas… etc., a una velocidad de la que nunca antes se tenía razón.
No se habla aquí de “calidad” del conocimiento sino de datos, información pura…
¿Cuánto puede contar una fotografía que una adolescente publica en una red
social, ella, sola caminando por una calle bulliciosa de un poblado ribereño?
Quizá esa imagen sea el último referente de una zona devastada por un
terremoto.
El diálogo
de saberes, así mismo, debe hoy considerar muchas más cosmovisiones.
Estamos inmersos en un mundo globalizado que, en términos de conocimiento, no
se ha hecho más pequeño sino por el contrario va, en forma acelerada hacia el infinito. El libro ya no es el
portador de la verdad, por lo menos
no el único. Un estudiante de Colegio, al momento de hacer su tarea, recurre en
primera instancia al internet. Allí seguramente encontrará muchas respuestas a
la pregunta que ha formulado, respuestas no codificadas, anárquicas, acertadas
o equívocas que configuran el infinito
ya referido. En la medida en que el cúmulo de respuestas —de conocimiento— es inmenso, el diálogo
también encuentra limitaciones. Este proceso seguramente continuará en el aula,
con el maestro quien en la medida en que sea (o entienda) a los Nativos Digitales, podrá mesurar aquella
desbandada de conceptos y comentarlos con el estudiante de manera provechosa.
Es decir que con esta explosión de las tecnologías de la comunicación —que no
lleva más de tres décadas— y su toma de los ambientes educativos, se plantean
nuevos retos y nuevos interrogantes: ¿Cómo
usar con provecho estas nuevas herramientas? ¿De qué manera se ha transformado
el proceso Enseñanza-Aprendizaje? ¿Es necesario implementar nuevas metodologías
de enseñanza? Para aquellos docentes que aún no se formulan estas
preguntas, o que no han hallado su respuesta, una recomendación: busquen en
internet, allí seguramente encontrarán varias páginas y foros en los que estos
temas son ya caducos.
Lo anterior nos conduce a lo que se
llamaría una Inteligencia colectiva.
Es decir una dinámica del conocimiento en donde desaparece el autor. Así el
concepto, la teoría, pasa a ser patrimonio común. El mejor ejemplo de lo
anterior es Wikipedia, la enciclopedia virtual más grande del mundo, en donde
cualquier persona puede participar creando, adicionando o corrigiendo
información. Allí la organización del contenido es una responsabilidad común.
Todos pueden acceder a ese contenido, ya sea como lectores o como autores. El
diálogo es amplio, acelerado, interactivo. Se ha generado un nuevo modo de
producción y acceso al conocimiento, luego será necesario implementar un nuevo
modo de regulación, de control, si es posible.
- A manera de
conclusión: los nuevos silenciados
Decía un grafiti de los años 70: Cuando hallé las respuestas, me cambiaron
las preguntas. El contexto contemporáneo plantea nuevos y diferentes retos.
Ya no se trata de saber leer y escribir, o de tener competencias comunicativas
y/o en sistemas. Es necesario todo lo anterior. Así, quien se enfrente a la
avenida de información que es internet y sus múltiples e intertextuales
aditamentos de comunicación, si está preparado, podrá hacer un mejor uso de lo
que allí encuentre. Sabrá como separar el trigo de la paja, lo acertado de lo
mentiroso. Podrá construir conocimiento a partir de un dialogo de saberes
ampliado, que abarca una trama más compleja que la de hace unas décadas y en
donde sus actores disponen de una potente tecnología para leer la realidad de
manera inmediata, global.
Termino no con más interrogantes, como en
los pasados apartes, sino con una cita que más que cita es melancolía…
«De los diversos instrumentos del
hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de
su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el
teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada,
extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión
de la memoria y de la imaginación»[6].
BIBLIOGRAFÍA
·
Anuario Estadístico de América Latina y el
Caribe 2011, Educación en Colombia.
·
AUSTIN MILLÁN, Tomás. “Para comprender el
concepto de Cultura”. UNAP. Educación y Desarrollo. Año 1, Nº 1, Marzo 2000,
Universidad Arturo Prat, Sede Victoria, Chile.
·
BARTHES, Roland. El placer del texto, Madrid,
Siglo XXI.
·
BORGES, Jorge Luis. Obra crítica. Volumen 1.
Madrid. Espasa Calpe.
·
ORTEGA Y GASSET, José. Obras completas, Tomo I.
Madrid. Taurus.
·
Diccionario de Filosofía. Grijalbo, México.
·
Diccionario de la Real Academia Española de la
Lengua.
WEBGRAFÍA
·
Tributo a paulo Freire. Frases célebres.
http://proyectoforosocratico.blogspot.com/
·
Universidad Javeriana.
http://www.javeriana.edu.co/Facultades/C_Sociales/Profesores/jramirez/PDF/Austin-concepto_de_cultura.pdf
[1]
Gnoseología (gr. Gnosis, conocimiento, y logos, discurso) Teoría del conocimiento
en cuanto se relaciona con el origen, naturaleza, límites y validez del
conocimiento, como distinta de la metodología o estudio de los conceptos, postulados y presupuestos básicos de
las ciencias especiales. Runes, D.
(1981) Diccionario de Filosofía. Grijalbo, México.
[2] Citado por: AUSTIN MILLÁN, Tomás. “Para comprender el concepto de Cultura”.
UNAP Educación y Desarrollo. Año 1, Nº 1, Marzo 2000, Universidad Arturo Prat,
Sede Victoria, Chile.
En:
http://www.javeriana.edu.co/Facultades/C_Sociales/Profesores/jramirez/PDF/Austin-concepto_de_cultura.pdf.
Consultado el 23 de junio de 2012. 8:00 a.m.
[3] Analfabeto,
ta. (Del lat. analphabētus, y este del gr. ἀναλφάβητος). 1. adj. Que no
sabe leer ni escribir. U. t. c. s. 2. adj. Ignorante, sin cultura, o profano en
alguna disciplina. Diccionario de la Real
Academia Española de la Lengua.
[4] Tributo a paulo Freire. Frases célebres. En:
http://proyectoforosocratico.blogspot.com/. Consultado junio 25, de 2012. 8:00
a.m.
[5] Anuario Estadístico de América
Latina y el Caribe 2011, Educación en Colombia.
[6] Jorge Luis Borges, Obra crítica,
Volumen 1.
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